Debajo del blanco

No está bien, dices.
Llamar a tu lengua, ponerle una piel
con la palabra.
Rozar con los labios, localizar
un calor, y un contacto
con la evocación de una frase en tu pecho.

¿Crees que podrías tocarme?

Yo me quedo, sin embargo
bajo este rincón escrito, hipotálamo
del deseo, actuando sobre sí mismo.
De lo contrario, destruiríamos el lecho.

Acerca de I.


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