La torre y la montaña

La torre y la montaña, escarpadas ambas, se parecen.
La cúspide blanca dibuja una sierra irregular.
La torre infinita da vértigo de mirar tiene hélices blancas y cristales.
Desde abajo, a través de una puerta entreabierta, de madera clara casi amarilla, unos ojos checos hundidos piden el alquiler. Las bocas no mendigan simpatía. Cambiamos de gesto y postura.
Los negros de la torre, famélicos, no quieren participar en la distribución de horarios. Liberados de Sutpen, prefieren separarse y no conciliar. Las escaleras de la torre son metálicas y hacen ruido y no estamos seguros de estar en el momento adecuado y pretendemos no hacer ruido.
Tras la montaña se anuncia una tormenta apocalíptica que acabará con nosotros. Sólo con nosotros.

Acerca de I.


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