Invocación del asesino

Debo decir deseo. Con tanta ropa y tan cierto. Y, sin embargo, luchando por aparecer. Ensombrecido a la intemperie, en este mediodía. Deseo y escalera. Y sin embargo ausente. Subiendo la escalera, bajo el cielo. Oscuridad absoluta. ¿Debo decir deseo?

Se dirige, con su montón de ropa, cierta, hacia su sombra, bella. Se dirige anhelante, se le escapa la risa. Y sin embargo, ausente. Cierto y encajado. Podría no decirlo, deseo. Porque sé que pronto, veré cómo desciende. La escalera. El descenso de la sobremesa. Un escalón, casi dos. Persigue la sombra, vana. Trata de encajarse pero la sombra le resulta huidiza y traspasa los relieves como si le fueran fútiles, como si no fuera cierta, su ropa, su gravidez. Y sin embargo miente.

Veremos cómo cae. Hacia abajo, como una indicación cómplice, una advertencia. Como las otras.

No debo decirlo, lo sé.

En apariencia inesperado, en su cúspide, surge delante. Demasiado cerca y titubeando. Desgarradamente cerca. Todo tal y como lo esperaba. Lo asesina. Y se vuelve presente.

No debía decir deseo. Lo sabía.

Acerca de I.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: